Si hay un momento de la semana en que tenemos más ganas de aplastar el despertador cuando suena, ése es sin duda el lunes por la mañana. Aunque lo intentemos, no hay muchas razones para sonreír un lunes a primera hora de la mañana: si tenemos trabajo (esa sí que es, desde luego, una buena razón), sabemos que tenemos una larga semana por delante, que el fin de semana ya es cosa del pasado, que el día no va a ser fácil de llevar con tanto sueño y que toca volver a aguantar al jefe; y si, por desgracia, no tenemos trabajo, los motivos para sonreír son aún más difíciles de encontrar.
Sin embargo, como recoge este curioso artículo de Quo.es, los lunes no han sido siempre días de trabajo. A finales del siglo XIX, las condiciones de los trabajadores eran deplorables en muchos casos, con larguísimas jornadas de trabajo y un único día de descanso: el domingo (como aún ocurre en los empleos con jornadas de trabajo que van de lunes a sábado).
Por iniciativa propia, y de forma espontánea, los mineros ingleses comenzaron a ausentarse los lunes a su puesto de trabajo. Esa práctica fue adoptada después por las industrias textiles y por otros sectores laborales. Así nació el San Lunes (Saint Monday), al que también se acogían los patronos y que se extendió a otros países durante buena parte del siglo XX.
Ahora, para disfrutar de un lunes sin obligaciones, tenemos que esperar a que un festivo caiga en lunes, a estar de vacaciones o a coger uno de los días libres a los que tenemos derecho como permiso retribuido y que no aparecen en el contrato. Eso o jugárnosla con una excusa inventada para faltar al trabajo, algo que además de ser reprobable es un riesgo que no merece la pena correr.
Puede que en el futuro exista la posibilidad de trabajar cuatro días a la semana y descansar tres, como ya han probado en algunos lugares del mundo. Por ejemplo, en Utah (Estados Unidos), donde algunas compañías han probado a repartir las 40 horas semanales de trabajo en cuatro días de 10 horas laborables cada uno.
Mirándolo por el lado bueno, casi es mejor apagar el despertador un lunes por la mañana después de dos días de descanso (como ahora, por regla general) que después de un fin de semana de tres días y sabiendo que por delante quedan 10 horas de trabajo para dar por concluido el lunes. ¿O tal vez no?
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